
Bah.
Yo tenía por delante una productiva carrera como escritora de poesías melancólicas.
Debería demandarle, con besos así no hay quien pegue una línea al lado de la siguiente. No es sólo que sea feliz, es que no toco el suelo.
19 de agosto de 2007
Besos legendarios
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Rosalia
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16 de junio de 2007
Mi mamá me mima.
No hubo forma de decidirme por una tarta, delante de aquel escaparate me di cuenta de que las apreciaba a todas por igual, no encontré ningún detalle que me hiciera elegir la mía entre el resto.
Finalmente elegí por elegir, una tarta de chocolate blanca con una cereza roja. La elegí por la cereza pero igualmente no me satisfizo, tampoco lo hizo nada más, ni la comida especial, ni ninguna otra cosa.
Al día siguiente, en medio de un silencioso ritual, corté el pan, lo abrí por la mitad y lo regué con vino dulce, luego lo freí en aceite bien caliente y cuando estuvo crujiente lo regué con miel. De la misma forma en que lo hacía mi padre cuando los domingos por la mañana se despertaba antes del amanecer y silenciosamente, comenzaba a freir el pan, anticipando risueño las caritas de satisfacción que le pondríamos mamá y yo.
El tiempo no lo cura todo, pero lo hace más íntimo, adultera un poco el dolor para transformarlo en una especie de añoranza dulce.
La foto es la primera incursión de mi madre en la fotografía digital, está tomada a las 8 de la mañana de mi cumpleaños. Ella la llama "con la cara recién lavá y recién peiná".
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Rosalia
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27 de mayo de 2007
Estudiar demostraciones matemáticas me pone de muy mal humor.

Estudiar demostraciones matemáticas cuando además voy mal de tiempo y tengo el examen mañana me pone aún de peor humor y hace que me levante constantemente de la silla para hacer Dios sabe qué cosas misteriosas: beber agua (tengo una botella con agua en la misma mesa), dar un paseo por el pasillo, cerrar/abrir alguna puerta/ventana, ponerme/quitarme una chaqueta o mirar por la ventana-de hecho por varias ventanas- hasta que finalmente me quedo sin excusas y vuelvo a la silla.
Pierdo casi todo el tiempo, de tres horas disponibles, dedico dos a estas aventuras improductivas y una sola a estudiar concentrada y sin moverme. No puedo entender cómo aún así consigo algo.
Dispuesta a pelear, cuando por la noche no he llegado a mis objetivos para ese día (lo que sucede todos los días o todas las noches, o más bien empieza a suceder por el día y se confirma por la noche) en castigo pongo el despertador a las 6 ó 6 y media de la mañana.
A esas horas, a medio camino del alba, hay menos distracciones y estudio mejor, pierdo menos tiempo y me cunde más. A no ser que ponga un instante la tele y vea el final de una peli francesa que no estaba mal, a no ser que mientras escribo la uña del dedo gordo de mi mano derecha me roce en el dedo corazón, a no ser que no encuentre unas tijeras y para ahorrar tiempo me corte la perniciosa uña a mordiscos y luego claro deba buscar una lima.
Y de camino hacia la lima, mi madre tenga los pies irrespetuosamente encima de mis libros y su falta de respeto hacia la literatura en general y hacia mis libros en particular me haga echar humo entre las orejas. Cosa que lleva haciendo semanas y que voy conteniendo como el niño que contenía el desborde de la presa con un dedo. Finalmente, me llevo mis libros y le busco un cojín.
Ella anda molesta porque no entiende qué mal les puede hacer a mis libros que ella apoye sus pies y yo ando molesta porque perdí el tiempo buscándoles un sitio a salvo.
Camino de mi mesa de estudio me encontré un ordenador y empecé a escribir este horrible post que tanto me molestaría leer en otro blog.
Lo peor es que me gusta mucho mi madre y me encanta esta recién estrenada convivencia (va para 8 meses) así que irremediablemente tendré que ir a explicarle que no es que quiera más a mis libros que a ella (y ahora que están fuera de su alcance) que cuando quiera puede poner los pies donde le parezca sin que yo grite ¡sacrilegio!.
Cojones con las putas demostraciones. Voy a volver antes de que se me enfríen.
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Rosalia
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Etiquetas: hablemos de mí que soy un tema fascinante