27 de mayo de 2007

Estudiar demostraciones matemáticas me pone de muy mal humor.




Estudiar demostraciones matemáticas cuando además voy mal de tiempo y tengo el examen mañana me pone aún de peor humor y hace que me levante constantemente de la silla para hacer Dios sabe qué cosas misteriosas: beber agua (tengo una botella con agua en la misma mesa), dar un paseo por el pasillo, cerrar/abrir alguna puerta/ventana, ponerme/quitarme una chaqueta o mirar por la ventana-de hecho por varias ventanas- hasta que finalmente me quedo sin excusas y vuelvo a la silla.

Pierdo casi todo el tiempo, de tres horas disponibles, dedico dos a estas aventuras improductivas y una sola a estudiar concentrada y sin moverme. No puedo entender cómo aún así consigo algo.
Dispuesta a pelear, cuando por la noche no he llegado a mis objetivos para ese día (lo que sucede todos los días o todas las noches, o más bien empieza a suceder por el día y se confirma por la noche) en castigo pongo el despertador a las 6 ó 6 y media de la mañana.
A esas horas, a medio camino del alba, hay menos distracciones y estudio mejor, pierdo menos tiempo y me cunde más. A no ser que ponga un instante la tele y vea el final de una peli francesa que no estaba mal, a no ser que mientras escribo la uña del dedo gordo de mi mano derecha me roce en el dedo corazón, a no ser que no encuentre unas tijeras y para ahorrar tiempo me corte la perniciosa uña a mordiscos y luego claro deba buscar una lima.
Y de camino hacia la lima, mi madre tenga los pies irrespetuosamente encima de mis libros y su falta de respeto hacia la literatura en general y hacia mis libros en particular me haga echar humo entre las orejas. Cosa que lleva haciendo semanas y que voy conteniendo como el niño que contenía el desborde de la presa con un dedo. Finalmente, me llevo mis libros y le busco un cojín.
Ella anda molesta porque no entiende qué mal les puede hacer a mis libros que ella apoye sus pies y yo ando molesta porque perdí el tiempo buscándoles un sitio a salvo.
Camino de mi mesa de estudio me encontré un ordenador y empecé a escribir este horrible post que tanto me molestaría leer en otro blog.

Lo peor es que me gusta mucho mi madre y me encanta esta recién estrenada convivencia (va para 8 meses) así que irremediablemente tendré que ir a explicarle que no es que quiera más a mis libros que a ella (y ahora que están fuera de su alcance) que cuando quiera puede poner los pies donde le parezca sin que yo grite ¡sacrilegio!.

Cojones con las putas demostraciones. Voy a volver antes de que se me enfríen.

 
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