
Esta asignatura es un compendio de Estadística, Macroeconomía y Matemáticas y según mi experiencia personal en la docencia y van ya para 17 años, todos los que no hayais cursado el último curso de Estadística perdereis el tiempo miserablemente. Es requisito imprenscindible- dijo el Catedrático de Econometría al principio del semestre.
Su charla tuvo dos efectos inmediatos en mí, por un lado mi parte blanda más acomodaticia pensó "auch" y tuvo la tentación de abandonar de inmediato, después de todo la estadística y yo somos (o tal vez éramos y quizá en junio pueda decir fuimos) enemigos irreconciliables, mi otra parte, la parte contraatacante de la parte más beligerante pensó "yo puedo" y acarició codiciosa la oportunidad de recoger el guante que cual desafío medieval estaba tirado en mitad del aula.
El caso es que no sólo aprobé el primer parcial el jueves, es que rocé el notable de no ser por una levísima imprecisión respecto a una maldita cota probabilística, rehice toda esa parte en los últimos cinco minutos del examen pero conociendo como conozco a mi examinador-concienzudo y milimétricamente apegado a su proceso de resolución por pasos exactos- y siendo consciente de que hice un enorme tachón y puse el resultado saltándome varios pasos estoy totalmente de acuerdo en renunciar a mi notable. Aprobé. Aprobé a pesar de mis lagunas estadísticas y de mi recorrido por los infiernos de la doble hernia bilateral con fisura de disco. Por, sobre, contra, ante, para y a pesar de ello o quizá por eso mismo.
Cicatera como soy con mis logros rechacé por frívola la solicitud que mi parte soñadora le hizo a mi parte contratante y me denegué una pequeña bola de helado de esa fresa ácida con cheese cake tan pero tan fucsia que a la par que excita mis papilas gustativas me pone de buen humor (colorterapia, creo)
Será por eso que mi parte vengativa me saboteó vilmente en medio de mi sesión de estudio en la biblioteca con un hambre terrible que hacía que mis tripas hicieran un ruido ensordecedor que asombraba a propios y extraños en el ambiente de silencio monacal de la biblioteca. Tuve que solucionarlo con: un sandwich vegetal (que no me satisfizo nada y del que un regusto ácido me hace temer complicaciones posteriores), un alfajor de dulce leche (amarillito, tan lindo..) y una rosquilla bañada de azúcar glass de fresa con un café con leche. La próxima vez pienso comprarme el helado de fresa más enorme que manos humanas puedan sujetar, visto lo visto contradecirme es muchísimo peor y más calórico.
19 de mayo de 2007
El súper big mac de los helado de fresas salvajes
Publicado por
Rosalia
en
01:43
Etiquetas: hablemos de mí que soy un tema fascinante
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1 comentarios:
En honor a tu desfase calórico y buenas letras me voy a comer un helado de pitufo :), Me encantó este post
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