25 de mayo de 2007

Quien fuera Salomé algunos días...



En una ocasión un amigo me contó su teoría sobre la belleza femenina, contaba -mi amigo- que las niñas de ojos grandes y aspecto desamparado con el transcurso del tiempo acabamos siendo mujeres ingrávidas, de edad indefinida, en una especie de limbo, o tal vez -ahora que retiraron el limbo por caduco en el Vaticano- podríamos decir una nube adolescente.

Decía- mi amigo- que ser hermosa era como un regalo o una especie de bonus extra que te daba la vida para que disfrutaras de una vida mejor: si eres linda la gente es más indulgente con tus pecados, los jueces dictan sentencias más benévolas, los profesores ponen notas más altas y el común de los mortales se siente más inclinado a perdonar tus fallos escudándose en tu sonrisa o en tus ojos grandes y separados.

Si me preguntaran a mí me quedaría con el arco que forman mis clavículas porque en ese triángulo isósceles es donde guardo la ternura que en los días lluviosos como hoy al contacto con el calor de mi piel se expande como si de un aceite esencial de naranja se tratara y me hace sentir más viva, más dulce y más humana.

Se me olvidó contarle a Fabo lo que los hombres les hacen a las chicas que les parecen demasiado hermosas y que no es tan poético como él lo recordaba -mirar una mujer hermosa te hace sentir una nostalgia infinita de Dios- y que más bien suele ser reducir el ser a su mínima expresión y volverlo piel, sin recordar que por dentro hay un mar de neuronas demasiado agitado como para pasarlo por alto.

Hace mucho tiempo en un país muy lejano fui una chica guapa y como castigo me quedé presa en un lugar duro frío e inhóspito del que no saldré jamás, a no ser que un virus terrible asole cada maldito rincón de ese infierno de leyenda, algo así como una hemorragia cerebral. Cada cierto tiempo lanzo una maldición y reviso las estadísticas de infartos en cuarentones esperando un milagro pero mientras tanto hago mi vida normal que hoy consiste en estudiar, estudiar y estudiar.

No en vano voy a llevarme una de las becas mejor dotadas económicamente por concurrencia competitiva -sálvese quien pueda- así que ni un minuto más.

Si me dan a elegir prefiero ser la chica lista. Si no, en fin, ayer fui la-chica-del-viejo-verde. Sonamos.

 
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