22 de abril de 2007

Espadas de Damocles


Damocles fue cortesano de Dionisio I: de carácter soñador y hedonista anhelaba ser rey y disfrutar de la opulencia aunque sólo fuera por un día. Dionisio I concedió su deseo y se intercambiaron los papeles. Damocles estaba disfrutando enteramente de la vida y la felicidad cuando entre uva y uva se dio cuenta de que sobre su cabeza pendía una afilada espada sujeta únicamente por la crin de un caballo.
Perdió el apetito y pidió ser sustituido de nuevo por el Rey. Ahora su nombre ha quedado asociado a un peligro inminente o a aquella causa que amenaza nuestra felicidad de golpe.
Se supone que Damocles aprendió la lección y dejó de soñar. Yo me inclino a pensar que siguió soñando, pero con que en ésta ocasión una espada sujeta de una crin de un caballo se precipitara sobre la cabeza de Dionisio I, más conocido como "el perro del hortelano".

Es extraño, el pasado siendo siempre pasado nunca acaba de abandonarte, de alguna forma todos los errores vuelven una y otra vez, imagino que para darte la posibilidad de solucionar los que pueden ser solucionados pero ¿qué pasa con aquellos que no dependen de ti y en algún punto se volvieron autónomos y adquirieron vida propia?
Siempre habrá quien te diga que te harán aprender algo porque en el fondo de nuestra alma todos llevamos un Dionisio cicatero que está dispuesto a castigar a un Damocles que soñó con algo prohibido y lo hizo realidad.
Hace un tiempo que dejé de creer en el sufrimiento y en los castigos divinos como medio para superar nuestras limitaciones mundanas. Si observamos la realidad, a menudo encontramos innumerables ejemplos de gente que cometió actos atroces y murió dulcemente en una cama entre sábanas de algodón egipicio. No, yo no creo que estemos aquí para pagar nuestras culpas ni tampoco que el Dionisio de turno tenga ningún derecho a venir a darnos lecciones de moralidad.

 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.