20 de diciembre de 2006

No, claro...


No, claro al fin y al cabo es de sobra conocido que los aficionados a la pintura son sordos como tapias.

Estamos en medio de una exposición de pintura en el Palacio Real. Me entretengo buscando influencias en algunos cuadros. En mitad de un pasillo me asalta una virgen renacentista suave y sonrosada. Con la piel de nácar. El tratamiento de la luz es similar al claroscuro de Caravaggio. No digo que Caravaggio inventara el claroscuro, el Greco ya lo usaba muchos años antes, pero fue Caravaggio quien le dio vida y volumen.
En medio de la gente y el barullo la voz de mi madre me saca de la abstracción.

Nena, fíjate que pecho tan lindo le pintaron a esa virgen. Es igual, igual que el tuyo.

Mamaaaaaaa-protesto.

¿Quéeee?-me mira divertida- nadie me oyó.

200 personas asintieron con la cabeza. Yo volví a la infancia.

1 comentarios:

Alasalamar dijo...

Eso es un desnudo... y bonito.

 
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